lunes 12 de diciembre de 2011

Relato


Estaba a punto de apagar el ordenador para irse a la cama cuando se le ocurrió aquel relato genial y ya le resultó de todo punto imposible desprenderse del mismo hasta que lo tuvo por completo concluido.

En la mañana lo leyó (emocionada voz, una taza de humeante café en la mano) a su mujer, que fue viendo con creciente interés cómo la vida de ambos se relataba de forma minuciosa en aquellas páginas memorables.

Al final, tal como describía con asombrosa precisión el desenlace del cuento, ambos quedaron incorporados a su trama sutil con el júbilo y regocijo infinitos de una pareja de adolescentes.

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