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Relato


ESTABA a punto de apagar el ordenador para irse a la cama cuando se le ocurrió aquel relato genial y ya le resultó de todo punto imposible desprenderse del mismo hasta que no lo tuvo por completo concluido.

En la mañana lo leyó (emocionada voz, taza de humeante café en la mano) a su mujer, que fue viendo con creciente interés cómo la vida de los dos se relataba de forma minuciosa en aquellas páginas memorables.

Al final, tal como describía con asombrosa precisión el desenlace de la historia, ambos quedaron incorporados a su trama sutil con el júbilo y regocijo infinitos de una pareja de adolescentes.



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