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Lil y la gallina

Cuando Lil  vio a su madre atrapar a la gallina en el patio  con la evidente intención de cocinarla  al mediodía, tuvo claro que debía  liberarla. Aprovechó un descuido de la asesina  -que ya había amarrado la gallina a una pata de la mesa de la cocina-,  y la rescató.  Lil tenía muy  buenas razones para actuar de aquel modo. La gallina era linda,  prodigaba un cariñoso cuidado a sus polluelos y,   sobre todo -¡esto era lo esencial!-, la quería mucho a ella. Y Lil   también quería mucho a la gallina, tanto o más que a su hermanita  Marian, que era  una completa insoportable.  ¡Esta noche la llevaría en secreto a dormir con ella en su cama!
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Voces con caudal: entrevistas y crónicas (Intec, 2017)

Niña con muñeca de trapo

VEO    una niña que carga o agarra o sujeta bajo el brazo una muñeca de trapo y me emociona tanto la emotiva y tierna imagen que me veo compelido a  indagar de dónde me llega tan honda y grande emoción. Luego de un tiempo de atenta contemplación, algo me resulta obvio:   la niña no carga ni sujeta ni agarra una pertenencia o una propiedad, algo material, un objeto inanimado, y  ni siquiera un “juguete”. No. Desde la total entrega de su inocencia, la muñeca de trapo (“su muñeca”) es para la  niña un ser tan “vivo”  y “real”  como ella misma… La niña ha incorporado  la muñeca a su propio ser, a su propia humana sustancia, a su propia alma, y una a la otra –sin la menor resquebrajadura– se pertenecen por igual…  Y  si de pronto (esto me queda muy claro mientras la observo) la niña se viera obligada a separarse de su muñeca por cualquier motivo o circunstancia (destrucción o pérdida), un lacerante dolor desgarraría su infantil corazón y su frágil y tierna almita quedaría

Palabras

¿QUE hacer con las palabras que no sea soltarlas al viento o asentarlas en  papeles que  en un cajón olvidados amarillearán de viejos ? ¿Lograremos alguna vez que atrapen nuestros sueños  como atrapa  una atarraya los  peces rebullentes  en el  mar infinito y los encarnen en la realidad en esta por fin  los materialicen ?

Rutinas

UNO TE  despiertas cada mañana convencido de que ahí estará solícito el sólido suelo esperando por ti entregado te pones en marcha esmerado aseo en el baño desayuno nutritivo equilibrado Jugo de naranja café con leche con canela tostadas mantequilla mermelada de fresa la cucharita del café la taza con su plato el cuchillo el tenedor el vaso “tantos objetos familiares que nos sirven como tácitos esclavos.”  Luego abres la puerta de tu apartamento subes al ascensor desciendes los cinco pisos hasta la calle atestada de vehículos peatones ruidos olores estímulos visuales avanzas a buen ritmo por la acera copada cruzas por el paso de cebra (de forma deliberada te visualizo en una ciudad-ciudad, en una ciudad civilizada…) esperas que el semáforo dé libre paso zigzagueas entre la gente que corre afanosa a sus respectivos trabajos como tú lo haces al tuyo por fortuna bien cercano donde te encontrarás con las exigencias del jefe el cúmulo de tareas rutinarias las arteras intrigas de los

Punto final

AL INICIO  de   la tarde  e scribo en  mi estudio con gran inspiración, como pocas veces en los últimos tiempos.  Conforme escribo, me voy diluyendo en la escritura, me incorporo  al  entramado  de palabras  y frases que brota de mi cerebro   y se plasma a través del teclado en la esquiva pantalla del ordenador. Es noche cerrada –la  oscuridad inunda el cuarto– cuando pongo el punto final de mi texto y se completan a la par los dos complejos procesos... Ahora me toca luchar con denuedo porque mi escrito consiga atraer lectores  y, lo que es aún más complicado y difícil… logre... ¡atraparlos!..  Sólo así (lo sé) tendré alguna posibilidad  real  de regreso, de retorno…  

Sueños

(Variación sobre un tema de Robert Desnos) Tanto soñé contigo que perdí mi realidad y ya no soy más que  en tus sueños.