
De modo y manera que –¡mentalízate en esto, hijo!– debes prodigarle a la muchacha todo el amor del mundo, y cuando salgas de aquí dado de alta ni por asomo se te puede ocurrir dejarla sola por mucho tiempo, pues aun siendo ella como es una joven sensata y con bastante buen seso y sentido de las cosas, no deja de ser mujer, y como salta a la vista, está en sus mejores años, con lo que hasta lo más terrible tendrías que perdonárselo, pues no sería más que la consecuencia lógica de la terrible situación por la que están atravesando ustedes en estos momentos...
Es por todo esto por lo que creo –la idea se me acaba de ocurrir ahora, así de pronto– que sería muy buena cosa que vieras la manera de convencerla de que adoptaran un muchachito ajeno y lo criaran como propio. Una criaturita en la casa le dará sentido tanto a la vida de ella como a la tuya propia, y además te la mantendría ocupada y con la mente distraída y apartada de lo “otro”, lo que en las actuales circunstancias, la verdad, hijo, no es poco...
Y ya no sé que más pueda decirte que te sea de utilidad y de provecho en estos dramáticos y difíciles momentos, hijo mío. Al perro lo mataste con tus propias manos de inmediato en el mismísimo lugar de los hechos, sobreponiéndote con arrojo y coraje al dolor y al horrible espectáculo de ver tu propia sangre manando a raudales de la espantosa herida. Qué duda cabe que actuaste como todo un hombre, como digno hijo de tu padre, lo cual me llena el pecho de legítimo orgullo de padre...
Pero no podemos engañarnos, hijo: tu heroico acto no te devolvió lo que perdiste ni ya nada habrá de devolvértelo. Nunca. Ésta es, a mi modesto entender, la cruda realidad con la que debes aprender a convivir en lo adelante, entendiendo que ése que perdiste no es el único placer que puede brindarle a un hombre la vida y dejando de una vez por todas y para siempre (por mí y por Gracielita que te queremos tanto, pero también por ti mismo, hijo, ¡caramba!) esas ideas sombrías que sé que te andan rondando por la cabeza …
Profesor Carlos,
ResponderSuprimirHeme aquí leyendo una vez más este Accidente que, a medida que comienza una leída más, no termino de inferir la conclusión del mismo. Volver a leer sólo me lleva a replantearme los hechos, obtener las más diversas conjeturas y, sin duda alguna, hacerme creer que estoy inmerso en un cuento nuevo una y otra vez.
¡Excelente!
Finalmente, me quedé con la versión del joven que da muerte al perro de su hermana menor a causa de una mordida accidental.
PD: Aquí está el blog del que le hablé: http://eduardobello.wordpress.com
Espero sus comentarios.
Sin más por el momento,
Eduardo B.