viernes, 26 de julio de 2013

Rutinas

TE despiertas cada mañana convencido de que ahí estará solícito el sólido suelo esperando por ti entregado te pones en marcha esmerado aseo en el baño desayuno nutritivo equilibrado Jugo de naranja café con leche con canela tostadas mantequilla mermelada de fresa la cucharita del café la taza con su plato el cuchillo el tenedor el vaso “tantos objetos familiares que nos sirven como tácitos esclavos.”

 Luego abres la puerta de tu apartamento subes al ascensor desciendes los cinco pisos hasta la calle atestada de vehículos peatones ruidos olores estímulos visuales avanzas a buen ritmo por la acera copada cruzas por el paso de cebra (de forma deliberada te visualizo en una ciudad-ciudad, en una ciudad civilizada…) esperas que el semáforo dé libre paso zigzagueas entre la gente que corre afanosa a sus respectivos trabajos como tú lo haces al tuyo por fortuna bien cercano donde te encontrarás con las exigencias del jefe el cúmulo de tareas rutinarias las arteras intrigas de los compañeros irremediablemente amargados frustrados insatisfechos…

A media mañana haces un alto en tus actividades tomas café en la cafetería próxima vuelves al poco ante tus cuantiosos expedientes trabajas hasta el mediodía paras para almorzar en el restaurante económico en el que lo haces desde hace tiempo cumplida de forma rigurosa la hora justa que te corresponde por ley te reincorporas a tus mecánicas tareas administrativas agotas adormilado soñoliento la jornada de la tarde hasta que por fin quedas “liberado” y en el autobús 27 te desplazas casi feliz al centro donde has quedado con los amigos para tomar unas copas conversar un rato distenderte “relajarte…”

Alrededor de las diez o las once nunca más tarde retornas a tu apartamento cena frugal en la mesita baja ante el televisor yogurt frutas del tiempo peras manzanas colocas platos vaso cubiertos en el friegaplatos riegas las plantas saneas la jaula del pájaro le pones agua alpiste pasas al baño a asearte dispones la ropa con la que irás al trabajo al día siguiente vistes tu pijama a rayas azules calzas tus cómodas zapatillas acolchadas te metes en la cama  te duermes con plácido sueño en el acto…

Todo monótonamente previsible invariable por completo controlado hasta esta mañana de hoy tan anodina y normal como todas en apariencia pero solo en apariencia que te ha estado aguardando desde la noche de los tiempos y de la que debiste haber tenido noticias precisas pero que sin embargo te toma ahora  completamente por sorpresa…  

Al dejar  la cama con tu ímpetu y entusiasmo habituales  –justo a las 7:00 AM– percibes  cómo algo esencial ha cambiado de forma radical y dramática ya no hay suelo ahí abajo nada de verdad sólido que te sustente tus pies no se deslizan como era de esperar en  las mullidas zapatillas alineadas una junta a la otra al borde de la cama desde la noche antes los mueve en todas direcciones desesperadamente tratando de encontrarlas pero todo inútil de golpe vertiginosamente te  hundes en el más espantoso agujero con un solo interminable grito brotando de tu garganta clavada en el pecho la demoledora certidumbre de que de ningún modo es “esto” ¡lo que diablos sea! una pesadilla un  mal sueño…



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