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HUÉSPED




Cuando vio la larga y desencajada figura de don Quijote materializarse en el centro del salón, lanza y escudo en ristre, no se sorprendió lo más mínimo. Siempre supo que un personaje de ficción bien logrado está más vivo que cualquiera de los seres de carne y hueso con los que el azar nos obliga a compartir la existencia. Y más aún: que esta verdad es todavía más verdadera en relación al viejo manchego devorador de libros de caballería que con cualquier otro personaje de la vasta y diversa literatura universal. De modo que, sin apartar la mirada del recién llegado huésped, dejó el volumen II del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha sobre la mesita a su lado y, saltando presto del asiento, caminó jubiloso (y sintiendo en el alma una íntima e irrenunciable recompensa) al encuentro del Caballero de la Triste Figura que, como no podía ser menos, venía en compañía de su gordo y simple escudero Sancho Panza, con el que sostenía un intrincado e interminable diálogo al que él pronto, sin lugar a dudas, se incorporaría para siempre…

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Biografía

Carlos Enrique Cabrera nació en La Vega, República Dominicana. Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid (España) y realizó estudios de Bibliotecología y Documentación en instituciones educativas de esa capital europea. Durante años se desempeñó como bibliotecario de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad Autónoma de Madrid y como colaborador externo de importantes editoriales españolas (Editora Nacional, Plaza y Janés, Alfaguara, Playor). En la actualidad, es profesor a tiempo completo del Área de Humanidades y Ciencias Sociales del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). En 2001 fundó la revista de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección, lleva publicados 29 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría los libros Reflexiones de bolsillo (INTEC, 2002). Tiempos difíciles: ensayos sociales, culturales y filosóficos (INTEC, 2010) y el conjunto de micro...

Lil y la gallina

Cuando Lil  vio a su madre atrapar a la gallina en el patio  con la evidente intención de cocinarla  al mediodía, tuvo claro que debía  liberarla. Aprovechó un descuido de la asesina  -que ya había amarrado la gallina a una pata de la mesa de la cocina-,  y la rescató.  Lil tenía muy  buenas razones para actuar de aquel modo. La gallina era linda,  prodigaba un cariñoso cuidado a sus polluelos y,   sobre todo -¡esto era lo esencial!-, la quería mucho a ella. Y Lil   también quería mucho a la gallina, tanto o más que a su hermanita  Marian, que era  una completa insoportable.  ¡Esta noche la llevaría en secreto a dormir con ella en su cama!