Ir al contenido principal

El escultor








CUANDO el artista hubo concluido la realista escultura de un joven de hoy, ésta le habló:


“¿Vas a seguir esculpiendo toda tu vida seres tan tristes y solitarios como yo?”, preguntó.


“No os hago así” le respondió el escultor, “porque yo quiera, como una decisión soberana de mi voluntad. Por el contrario, son ustedes los que terminan siempre imponiéndome la suya. Yo sólo soy el canal a través del cual ustedes vienen al mundo y en éste se manifiestan con entidad y vida propia, ya absolutamente independientes de mi voluntad de creador. "


“Entonces yo podría hacer que tú estuvieras en el mármol y yo incluso ocupara tu lugar como ser de carne y hueso? ¿Podría yo dominar tu vida?”


"Claro. De hecho mi vida está ya enteramente dominada por mis criaturas, y ya en verdad no sé cuál es más real y auténtica, si vuestras tristezas o mi alegría aparente. Yo vivo por y para ustedes; es decir, por y para mi arte, y nada hay más importante para mí que el que ustedes vengan al mundo, cobren corporeidad y vida propia en el papel o en el lienzo o en el barro o en el bronce o en el mármol, adquieran entidad independiente de mí. Yo vivo de forma exclusiva para esto y sé que todos ustedes (afortunadamente) me sobrevivirán por siempre…"


El “joven de hoy”, que ya se había salido temeraria e irreflexivamente del frío rigor del mármol, volvió a incorporarse a éste en un leve soplo…








Volver a: Microcuentos




Comentarios

Publicar un comentario

Déjame tu valioso comentario

Entradas populares de este blog

¡ Entrevista a Carlos Enrique Cabrera en El Barco de la vida

Lil y la gallina

Cuando Lil  vio a su madre atrapar a la gallina en el patio  con la evidente intención de cocinarla  al mediodía, tuvo claro que debía  liberarla. Aprovechó un descuido de la asesina  -que ya había amarrado la gallina a una pata de la mesa de la cocina-,  y la rescató.  Lil tenía muy  buenas razones para actuar de aquel modo. La gallina era linda,  prodigaba un cariñoso cuidado a sus polluelos y,   sobre todo -¡esto era lo esencial!-, la quería mucho a ella. Y Lil   también quería mucho a la gallina, tanto o más que a su hermanita  Marian, que era  una completa insoportable.  ¡Esta noche la llevaría en secreto a dormir con ella en su cama!

Biografía

Carlos Enrique Cabrera nació en La Vega, República Dominicana. Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid (España) y realizó estudios de Bibliotecología y Documentación en instituciones educativas de esa capital europea. Durante años se desempeñó como bibliotecario de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad Autónoma de Madrid y como colaborador externo de importantes editoriales españolas (Editora Nacional, Plaza y Janés, Alfaguara, Playor). En la actualidad, es profesor a tiempo completo del Área de Humanidades y Ciencias Sociales del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). En 2001 fundó la revista de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección, lleva publicados 29 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría los libros Reflexiones de bolsillo (INTEC, 2002). Tiempos difíciles: ensayos sociales, culturales y filosóficos (INTEC, 2010) y el conjunto de micro...