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Delirio

ESTOY tendido boca arriba sobre la tierra calcinada y no puedo moverme. El calor me abrasa. Tengo los ojos, la boca, la garganta resecos y retostada la piel. Ardo en fiebre. No sé desde cuándo no bebo agua ¡y cómo la preciso! –¡Agua, agua, agua…! Nadie aquí puede proporcionármela. ¡Nadie! Mis compañeros están en aún peor estado que el mío: yacen a mi alrededor sepultados bajo toneladas de escombros y retorcidos metales humeantes. Mi única salvación, que el cielo descargue un fuerte aguacero que calme mi sed, lave mi cuerpo, sane –milagroso bálsamo– la terrible herida que abrió en mi pecho el obús… ¿Siento ya el agua caer o es delirio mío…? _____ Imagen: Otto Dix, Soldado herido (otoño de1916, Bapaume)

Abuso de la sal

es la sal del gusto   el ser querida:                                           que daña lo que falta y lo que sobra.  SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ MI AMADA compañera la maravillosa mujer con la que comparto mi vida le echa demasiada sal a la comida Lo que me lleva a preocuparme  seriamente por su salud y bienestar Ya se sabe: la oclusión de venas y arterias la tensión sanguínea que se eleva el mayor esfuerzo del corazón Pero también me inquieta sobremanera saber que esta predisposición insana es indicio claro de que mi amada (como gran fumadora que es) ha venido perdiendo paladar Entonces yo me pregunto Intrigado, el susto metido en el cuerpo ¡Ah! ¿y a qué le estarán sabiendo mis besos, podrá todavía saborearlos con deleite?

Tinieblas

EL cielo apagó de repente  todas sus luces sol luna estrellas luceros Dejándonos sumergidos en la más espantosa oscuridad Desde entonces Nadie   aquí halla sus pertenencias Ni los caminos que a ellas conducen Ni  da con los otros Ni se encuentra a sí  mismo.

A UNA GOTA DE AGUA

Y son las gotas: ojos de infinito que miran al infinito blanco que les sirvió de madre.   Federico García Lorca TRANSPARENTE redondez que reflejas   los colores del espectro Inagotable fuente de vida que   fecundas cuanto tocas En   tiempo cíclico habitante de las nubes vertical   y súbita te precipitas con evocadora y cadenciosa música   sobre la entera faz de la tierra Acunando (¡anhelada cura reparador abrazo! Qué honda nostalgia de   no sé   muy bien qué me invade entonces…) mi alma apesadumbrada y contrita en la diáfana transparencia acuosa de tu ecuménica esencia Que   viertes generosa y fecunda en ríos lagos mares   océanos acuíferos para retornar invicta a las altas nubes

El escultor

CUANDO el artista hubo concluido la realista escultura de un joven de hoy, ésta le habló: “¿Vas a seguir esculpiendo toda tu vida seres tan tristes y solitarios como yo?”, preguntó. “No os hago así” le respondió el escultor, “porque yo quiera, como una decisión soberana de mi voluntad. Por el contrario, son ustedes los que terminan siempre imponiéndome la suya. Yo sólo soy el canal a través del cual ustedes vienen al mundo y en éste se manifiestan con entidad y vida propia, ya absolutamente independientes de mi voluntad de creador. " “Entonces yo podría hacer que tú estuvieras en el mármol y yo incluso ocupara tu lugar como ser de carne y hueso? ¿Podría yo dominar tu vida?” "Claro. De hecho mi vida está ya enteramente dominada por mis criaturas, y ya en verdad no sé cuál es más real y auténtica, si vuestras tristezas o mi alegría aparente. Yo vivo por y para ustedes; es decir, por y para mi arte, y nada hay más importante para mí que el que ustedes ven

Rock

En pleno concierto la súper estrella de rock se electrocutó con su propia guitarra eléctrica. En cuestión de segundos el vasto escenario quedó cubierto por chisporroteantes llamas danzantes y todo el Estadio por denso y negrísimo humo acre. La multitud fue presa del más intenso pánico y, sin orden ni concierto, disparó por las, por fortuna, bien señalizadas puertas de emergencia. Pero no todos los fans allí congregados (los había de toda condición, edad y sexo..) mostraron idéntico comportamiento. No. Los de estómagos más fuertes -¡viéndose ya ricos!-, tomaron por asalto el alto escenario, ya ocupado por completo por las llamas, y trabados en encarnizada lucha, disputaronse los calcinados despojos del Súper Star con la saña febril de buitres hambrientos. Olvidaban los muy ilusos que los Derechos de Promoción y Venta de aquellas “venerables cenizas” pertenecían por entero a la Casa Discográficadel artista. Volver a: Microcuentos

Dosis letal

SI sintiéramos de golpe en nuestro propio ser todo el dolor que se genera en un segundo en el mundo (o tan sólo nos lo imaginásemos así durante ese breve instante), caeríamos al suelo con el alma y el cuerpo destruidos, requemados, como si hubiésemos sido alcanzados por un rayo. Todo ese dolor esparcido vertido en un segundo sobre la faz de la tierra penetrando las almas de nuestros congéneres, mordiendo sus carnes y sus músculos y sus nervios. Todo ese dolor físico y moral y espiritual que se acumula en un soplo en la Tierra, en el ser íntimo de las gentes. Bastaría sí que por un instante nos metiéramos en la piel (que así lo hiciéramos durante un segundo) de esos millones de seres que sufren e hiciéramos nuestro su dolor para que el alma y el cuerpo se nos rompan irreversiblemente, ya para siempre.